En México, los errores en la planeación y proyección de las obras públicas no tienen castigo y los sobrecostos millonarios se han convertido en una práctica normalizada; denunció el diputado local de Movimiento Ciudadano, Paul Ospital Carrera.

“En el sector privado, si alguien calcula mal una obra, hay consecuencias: demandas, sanciones o pérdida del contrato. Pero en el sector público, no pasa absolutamente nada”, señaló.

El diputado local explicó que, mientras en una obra privada los incrementos rara vez superan el 10 o 15 por ciento, en proyectos públicos federales los sobrecostos son desproporcionados y constantes. Como ejemplo, mencionó el caso del Tren México–Querétaro, cuyo costo inicial era de 200 mil millones de pesos y que hoy, con apenas un 9 por ciento de avance, ya asciende a 265 mil millones, lo que representa un incremento cercano al 20 por ciento; es decir, el equivalente al presupuesto anual para el estado de Querétaro.

«A esto se suman otros proyectos emblemáticos del gobierno federal, como el Tren Maya, que pasó de 120 mil a más de 500 mil millones de pesos y la refinería Olmeca, que de 160 mil millones proyectados, ya supera los 400 mil millones y que además, derrama petróleo», añadió Ospital.

Finalmente, el legislador por Movimiento Ciudadano cuestionó que no exista responsabilidad jurídica para funcionarios, contratistas o empresas involucradas en estos errores de cálculo: «es un problema sistémico, se equivocan por miles de millones de pesos y no pasa nada”; por lo que advirtió, que la falta de consecuencias fomenta el despilfarro de recursos públicos y dificulta la rendición de cuentas, especialmente cuando las obras están a cargo de instancias con información reservada, como la Sedena.

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