Por alguna razón, entre los mexicanos existe la percepción generalizada de que todos los gobiernos manipulan las estadísticas de acuerdo con su conveniencia, sobre todo en los aspectos de la economía, seguridad, salud y pobreza, que califican su efectividad y el grado de confianza entre la población.Cada que llega un nuevo partido o grupo al poder, presenta sus “otros datos” y, en no pocos casos, van más allá: crean sus propios métodos y organismos oficiales a modo, y los presentan como los únicos autorizados “para decir la verdad”. Así desaparecieron, por ejemplo, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), con el argumento de eliminar la duplicidad de funciones —entre este y el INEGI— y la austeridad. Lo anterior viene a cuento porque miles de veces hemos escuchado declaraciones de funcionarios de los gobiernos, a través de los medios de comunicación, acerca de la disminución de la pobreza en México, según sus datos, de más de 13.5 millones de mexicanos en tan sólo seis años de gobierno de la 4T. Sin embargo, la realidad no se puede ocultar por mucho tiempo. Cada vez ha venido quedando más clara la manipulación de los parámetros utilizados para presentar los resultados que necesitaban que se dieran a conocer a la población. Por ejemplo, según una nota publicada recientemente por la plataforma de servicios en línea Microsoft Network (MSN), con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), se dan a conocer los distintos parámetros utilizados por este organismo para identificar cuándo una persona se encuentra en situación de pobreza o pobreza extrema, tomando como base sus ingresos y su capacidad para cubrir sus necesidades básicas. En ella se da a conocer que uno de los indicadores para determinar cuándo una persona vive en situación de pobreza extrema consiste en el ingreso mínimo necesario para cubrir la canasta básica alimentaria, y resulta que, según el INEGI, una persona vive en pobreza extrema cuando tiene un ingreso por salario menor de dos mil 450 pesos mensuales en las zonas urbanas y mil 850 pesos en las zonas rurales. Es decir, que según el gobierno, en las ciudades una persona es considerada en situación de pobreza extrema sólo cuando vive con un promedio menor de 86 pesos al día, y menor de 61 pesos en las comunidades rurales, para adquirir la canasta básica de 24 productos y la canasta no básica, que incluye el costo de los servicios públicos, salud, transporte, educación, vestido, comunicación, etcétera. Y para que una persona que vive en la ciudad no sea considerada pobre, según el INEGI y el gobierno, basta con tener un ingreso mensual por salario de 4,718 pesos, lo que significa vivir con un promedio de 157 pesos por día; mientras que, para dejar de ser pobre en las zonas rurales, se necesita un ingreso mensual de tres mil 396 pesos, que dividido entre los 30 días de cada mes significa un gasto promedio de 113 pesos por día. Es decir, que quien gane arriba de esa cantidad ya no es considerado pobre. Pues bien, estos son los tramposos parámetros establecidos por el Banco Mundial y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo a nivel internacional, y el INEGI en México, que explican la forma en cómo quienes gobiernan “acaban con la pobreza” en nuestro país. ¿Y qué hacen los gobiernos —todos—, aparte de darle a la población anestesiadoras tarjetitas y promesas en tiempos de campaña, para acabar de verdad con este gran mal social de la pobreza?Los mexicanos no debemos dejarnos confundir con “cuentos de hadas para niños tontos”, como dijo el doctor e investigador del Colegio de México, Julio Boltvinik, al entrevistador Jesús Anaya, de la prestigiosa revista mexicana Buzos de la Noticia, pues, contrario a las estadísticas manipuladoras del gobierno, el 74 por ciento de la población vive en pobreza y pobreza extrema en México. Navegación de entradas Experto de Naciones Unidas insta a México a impulsar urgentemente acciones de justicia ambiental en materia de sustancias tóxicas Por quinto año, queretanos exigen al estado solución a carencias